Reflexión para el Cuarto Domingo de Adviento

December 18, 2011

Por la Hermana Michelle G.

En las últimas tres semanas de Adviento, he recordado y meditado en la cita de Harvey Milk:

Yo sé que tú no puedes vivir sólo de esperanza, pero sin ella, no vale la pena vivir.

La esperanza es la razón por la que perseveramos contra todas las adversidades. En el ciclo de nuestro año litúrgico, que comienza cada vez con el Adviento, recorremos la historia de  salvación de nuestras vidas, apoyándonos en la esperanza de un Dios que se convirtió en uno de nosotros en Jesús para mostrarnos cómo vivir, cómo amar y cómo ponernos en contacto con los anhelos más profundos de nuestros corazones para estar en unión con ese Dios de amor, de misterio y de sabiduría.

Lamentablemente, en nuestro mundo, hay quienes se han figurado cómo aprovecharse de esos anhelos y nos seducen con falsas esperanzas. Ellos han reemplazado nuestros anhelos de unión con Dios con adicciones, acondicionamientos, alimentos chatarra para el alma y para el cuerpo, con la creencia de que la gratificación inmediata por artefactos más nuevos y mejorados satisfará nuestros más hondos deseos.

Nuestra temporada litúrgica de Adviento ha sido una oportunidad para examinar nuestros corazones. Las lecturas de las Sagradas Escrituras nos han advertido que estemos vigilantes y también que nos consolemos en el amor de Dios que nos envuelve y conoce todas nuestras flaquezas, nuestra propensión a tomar los caminos más cortos por una seguridad a corto plazo. Este Dios nos ayudará al meditar nosotras/os en el misterio y, como María, entrar en la plenitud de la invitación a creer que todas las cosas son posibles con Dios cuando colaboramos con la gracia que nos brinda.

No hay promesas de “gracia barata” como lo ha denominado Dietrich Bonhoffer,  hay más bien la llamada a ser un signo de contradicción, un testigo contracultural, una persona o comunidad dispuesta a estar despierta a la posibilidad de evolucionar hacia un mayor asombro y reverencia por el don de la venida de Dios a nuestros corazones y al mundo. Ese es el tipo de movimiento que hace que la vida valga la pena ser vivida, y trae esperanza real a aquellas personas que quieren dejar un futuro lleno de esperanza para nuestros descendientes.

Reflexiones de Adviento 2011

Reflexión para el Segundo Domingo de Adviento

Reflexión para el Tercer Domingo de Adviento

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