Violencia en Perú Genera Respuesta Coordinada de la Misericordia

August 1, 2012

Por Marianne Comfort, Equipo de Justicia del Instituto

Ha sido impresionante ver cómo la Misericordia ha coordinado una acción en muchos frentes a la reciente violencia en Perú sobre la ubicacion de las minas de oro y cobre en los Andes.

La Oficina de Justicia del Instituto de las Hermanas de la Misericordia de las Américas en Washington, D.C., tuvo conocimiento directo por medio de un correo electrónico sobre el asesinato y paliza de los protestantes perturbados por los planes de la empresa estadounidense Newmont Mining Corporation en cuanto a una mega-mina llamada Conga. Los residentes del lugar están preocupados ya que la propuesta compañía minera destruirá múltiples lagos y amenazará el acceso de las comunidades al agua limpia, y ellos desean que la compañía y el gobierno de Perú respeten sus derechos al consentimiento libre, previo e informado antes de que el proyecto continúe. Dos confrontaciones con la policía resultaron en las matanzas de 5 protestantes y dejó por lo menos 21 heridos.

El correo electrónico inicial nos urgió  a firmar una carta al  embajador de Perú en los EE.UU., Harold Forsyth. La carta –firmada por 88 grupos del medio ambiente, de derechos humanos y basados en la fe – demandaba, entre otras cosas, un paro inmediato a los ataques violentos contra los protestantes y una investigación en la intimidación de líderes que se oponen a la mina, lo cual incluyó una paliza a un sacerdote activista.

Poco después de firmar la carta, el Equipo de Justicia del Instituto fue invitado a una reunión de defensa/abogacía en D.C. con el embajador Forsyth para ampliar nuestras preocupaciones.

Para prepararme, contacté a las Hermanas de la Misericordia en Perú con el fin de conocer sus perspectivas y lo que les gustaría que yo preguntara al embajador. La respuesta fue clara: “¡Conga no va!” podría traducirse como “¡No Conga!” o “¡Conga, váyase a casa!” Una explicó que una gran preocupación es la potencial carencia de acceso al agua en una zona que es el “canasto de pan” para las papas y frijoles del norte de Perú. Eso me ayudó formular una pregunta al embajador sobre lo que el gobierno hará para asegurar el derecho de la gente al agua; él respondió que es una “pregunta muy técnica”, y que el informe de unos expertos independientes dijo que: “si ciertos principios son cumplidos por las autoridades y la compañía, los intereses de la gente serán preservados”.

Antes de la reunión, también consulté con Servicios de Inversión de la Misericordia y me enteré que Pat Zerega, directora de defensa/abogacía de accionistas, también ha estado tratando con Newmont sobre estos temas. En efecto, sólo unos días antes, ella había participado en una llamada por teléfono con ejecutivos de la compañía. Me informó que los inversionistas están llamando a Newmont a mejorar el proceso de consulta con la comunidad local, y a presionar a Perú a firmar los Principios Voluntarios de Seguridad y Derechos Humanos para gobiernos y compañías participantes en la industria de extracción.

Después de la reunión, en la cual expresamos nuestras preocupaciones y el embajador, como era de esperarse, defendió a su gobierno diciendo que el investigaría los Principios Voluntarios, que escuché de la Hermana Aine O’Connor, la representante de la Misericordia en la Organización de las Naciones Unidas. Ella compartió conmigo una carta que firmó con otras congregaciones de religiosos/as acreditadas en la ONU, al Presidente Peruano Ollanta Humala. Esta carta describió las mismas preocupaciones sobre la violencia y los abusos de los derechos humanos, las mismas exigencias para detener todas las represiones contra la gente que se opone a la mina, y la misma petición para que el gobierno inicie un diálogo sobre la mina con las comunidades locales.

Los incidentes en Bambamarca, Celendín y Cajamarca, Perú, desafortunadamente son repeticiones de escenas similares por todo el mundo donde los intereses de las grandes corporaciones mineras se enfrentan contra el medio ambiente, la salud y los medios de vida de los residentes de la zona. Las Hermanas de la Misericordia de las Américas han estado abordando las preocupaciones mineras en otras partes del Perú, en Panamá y en las Filipinas, en particular. Estamos colaborando con otras congregaciones de las Hermanas de la Misericordia de todo el mundo que están involucrándose con las empresas mineras y los gobiernos en Australia, Canadá e Irlanda, para nombrar sólo unos cuantos países.

Esperamos y oramos que las intervenciones de la Misericordia en todos los niveles lleven paz a las regiones que están viviendo el efecto del auge de la industria minería, y llenen de audacia a los gobiernos para considerar detenidamente las amenazas reales al medio ambiente, la salud y la devastación cultural antes que ellos aprueben los proyectos de extracción.

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