Irán: ¿Nos podemos permitir el no prestar atención?

January 16, 2020

Por la Hermana Karen M. Donahue

En muchos sentidos, el asesinato del General de Irán, Qassem Soleimani, el 2 de enero de 2020, solo es el último capítulo de las hostilidades en curso entre los Estados Unidos e Irán, algo que se remonta a décadas atrás. En su discurso sobre el Estado de la Unión de 2002, el Presidente George W. Bush incluyó a Irán como parte de un Eje del Mal que amenazaba la paz mundial, y en los últimos días, los comentaristas nos han recordado la revolución iraní de 1979 y la crisis de rehenes iraníes (del 4 de noviembre de 1979 al 20 de enero de 1981), donde 52 estadounidenses permanecieron cautivos por 441 días. La impresión que nos da es que estos eventos de 1979 enmarcan el inicio de la relación problemática entre los dos países.

Una protesta en Irán
Una protesta en Irán

Al escuchar esta variedad de acontecimientos de nuestra historia con Irán, me llamó la atención la escasa atención prestada a una intervención estadounidense anterior, el golpe de estado orquestado por los Estados Unidos y el Reino Unido que derrocó a un líder democráticamente elegido, el Primer Ministro Mohammad Mossadeq, elegido en 1951.

A partir de 1908, los británicos a través de la Compañía de Petróleo Anglo-Iraní (precursora de British Petroleum, o BP), controlaron las reservas del petróleo de Irán. Uno de los primeros actos de Mossadeq como primer ministro fue nacionalizar la Compañía de Petróleo Anglo-Iraní para garantizar que el pueblo iraní se beneficiara de este recurso. Como era de esperarse, esta movida no le cayó bien ni a los británicos ni a los estadounidenses.

La CIA jugó un papel importante en el golpe de estado de 1953, que allanó el camino de muchos más por venir en todo el mundo. A raíz de ese golpe de estado, los Estados Unidos y el Reino Unido facilitaron la restauración de la dinastía Pahlavi y colocaron en el poder al sha Mohammad Reza Pahlavi. Estados Unidos respaldó la dictadura brutal del sah durante más de 25 años, hasta que estalló la resistencia en la revolución iraní de 1979.

Admito que yo no estaba prestando mucha atención a lo que estaba pasando durante estos años en Irán. Aun así, Irán no estaba completamente fuera del radar cuando, a finales de la década de los 70, trabajé en un centro intracomunitario de paz y justicia en el centro de Chicago. En esos momentos, los estudiantes iraníes tenían manifestaciones regulares en las principales ciudades de los Estados Unidos. Podíamos escuchar sus cantos a través de las ventanas de nuestra oficina sin aire acondicionado, pero nunca se me ocurrió buscar el porqué de la manifestación.

Quizá este sea nuestro desafío. ¿Cuánta atención damos a los eventos que suceden en el mundo? Un examen más detallado revelaría que la política exterior está en el corazón de muchas situaciones caóticas a muchas millas de nuestras costas. Estados Unidos ha apoyado (y sigue apoyando) a líderes represivos de todo el mundo porque sirven a nuestros intereses económicos, políticos y militares.

Justo un año después del golpe de estado de 1953 en Irán, la CIA ejecutó otro golpe de estado contra un líder elegido democráticamente, Jacobo Árbenz de Guatemala, quien colocaba el bienestar de su pueblo por encima de los intereses corporativos de los Estados Unidos, iniciando un programa de reforma agraria que beneficiaría a los campesinos agricultores de Guatemala.

Un ejemplo contemporáneo, nuevamente en Latinoamérica, es Honduras, donde en los últimos años Estados Unidos ha apoyado un golpe de estado y una elección fraudulenta, y ahora respalda a un gobierno represivo que no responde a las necesidades del pueblo hondureño. ¿El resultado? Miles de personas huyen del país buscando refugio en nuestra frontera sur.

Irán puede ser uno de los primeros casos de lo que el historiador Chalmers Johnson llamó “blowback,” («retroceso»), que son las consecuencias involuntarias de las acciones estadounidenses en el extranjero. Desafortunadamente ésta no será la última.

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