Search Results for: Mercy Volunteer Corps

Voting as a Sacred, Listening Act

October 26, 2020

By Meghan Petersen, a Mercy Volunteer Corps alumna who served in Georgetown, Guyana, South America

Voting season is quite possibly the best span of time every two to four years. It’s a chance to sit and envision what we want our communities to be. Voting is all about listening; it is intentionally taking time to hear what our hearts are drawn to in seeking a more just world; it is listening to those who are disenfranchised and not allowed a voice in the voting process. It is casting a vote to say you matter, we matter, what we believe in matters. Listening with our vote is a gesture of welcoming and inclusion as we join together to recognize our shared lineage and our unique circumstances.

It is hard for me to choose which issues are the most important, because we are incredibly interconnected in Earth and body. Listening to community and heart is value-based. In reflecting about my Mercy Volunteer Corps experience and reading more about voting as a spiritual practice, I realized that my time serving as a Mercy Volunteer in Guyana created a foundation of new values. Service instilled in me the importance of hospitality, empathy, nonviolence and sacredness. Voting with intention follows these values.

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Votar es un acto sagrado de escucha

October 26, 2020

Por Meghan Petersen, Ex-voluntaria del Cuerpo de Voluntarios de la Misericordia en Georgetown, Guyana, Sudamérica

Cada dos o cuatro años la temporada electoral puede ser la mejor época porque nos da la oportunidad de detenernos a pensar y visualizar qué es lo queremos que sean nuestras comunidades. Votar es un acto de escucha; es tomarnos el tiempo para oír lo que nuestros corazones ansían en la búsqueda de un mundo más justo. Es aguzar el oído para escuchar a aquellos que no tienen derechos y no se les permite participar en las decisiones electorales. Es votar para declarar que tú importas, que todos importamos, que creemos en los temas que se discuten. Escuchar con nuestro voto es un gesto de acogida e inclusión por el que nos unimos para reconocer nuestro linaje compartido y nuestras circunstancias particulares.

Para mí es difícil elegir cuáles son los asuntos más importantes que están en juego porque siento que estamos increíblemente interconectados en Tierra y cuerpo. Escuchar a la comunidad y al corazón son actos que se fundamentan en valores. Reflexionando sobre mi experiencia en el Cuerpo de Voluntarios y Voluntarias de la Misericordia y leyendo sobre el acto de votar como una práctica espiritual, me doy cuenta de que mi tiempo de servicio con voluntarias y voluntarios en Guyana cimentó en mí nuevos valores. El servicio me inculcó la importancia de la hospitalidad, la empatía, la no violencia y la santidad.

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Your Voice Counts, So Vote

October 24, 2020

By Ronnie Townsend, a Mercy Volunteer Corps alumnus who served at St. Michaels Navajo Reservation in Arizona (Navajo Nation)

As the election approaches, I will choose which candidates to vote for not just based on their political party, but on what it is that these candidates stand for. What kinds of issues have they advocated throughout their political career, and will they be able to positively impact my life and the broader life of communities as a whole? Often when people vote, it is in a black-and-white way, voting based on political parties and not looking at the bigger picture: Does this candidate represent and advocate things that you would like to see changed in the future? Asking these key questions helps me to decide on a candidate to support.

This year, several issues are particularly important to me, including immigration. The United States is a melting pot at its core and people have come to this country from all over the world in search of a better life and opportunities for their children. Our country should continue to keep these gateways open and allow people who are in search of this better life to migrate here. It is also important to remember that most people in the United States are descendants of people who immigrated to this country at some point. When considering this, greater empathy can be developed towards immigrants as a whole.

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Tu voz cuenta, así que vota

October 24, 2020

Por Ronnie Townsend, Ex-voluntario de la Misericordia quien sirvió en la Reserva Navajo San Miguel en Arizona (Pueblo Navajo)

A medida que se acercan las elecciones, votaré por candidatos no solo en función de su partido político, sino también de lo que representan. ¿Qué tipo de cuestiones han defendido a lo largo de su carrera política y podrán tener un impacto positivo en mi vida y en la vida de las comunidades en general? A menudo, cuando la gente vota, es en blanco y negro, votando en base a los partidos políticos y sin mirar el panorama general: ¿Este candidato representa y aboga por cosas que te gustaría cambiar en el futuro? Hacerme estas preguntas claves me ayudan a decidir a qué candidato apoyar.

Este año, varios temas son muy importantes para mí, incluida la inmigración. Estados Unidos es un crisol en su esencia y han venido personas de todo el mundo a este país en busca de una vida mejor y oportunidades para sus hijos. Nuestro país debe seguir manteniendo estas puertas abiertas y permitir que migren aquí las personas que buscan esta vida mejor. También es importante recordar que la mayoría de las personas en los Estados Unidos son descendientes de personas que inmigraron en algún momento a este país. Al considerar esto, se puede desarrollar una mayor empatía hacia inmigrantes en su conjunto.

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Vote November 3 for Human Dignity

October 22, 2020

By Becca Holland, a Mercy Volunteer Corps alumna who served at St. Michaels Navajo Reservation in Arizona (Navajo Nation) 

My mother always told my brother, sister and me that we would vote in every election when we got old enough because it was our responsibility. She was definitely right—making your voice heard through voting is essential. Yet voting rates among young people are exceptionally low. As a 24-year-old woman, I understand completely the frustration my generation has with the entire process. More and more, it feels as though our voices are meaningless even when we do vote. Between the Electoral College, a lack of civic education and biased news media, young people often feel like the country has no interest in what our voices are saying.

I’m inherently an idealistic person, and also inherently a little bit radical. But even if many of my young friends and older family members aren’t quite as idealistic or radical, we do mostly agree that this country isn’t acting like it’s ours. In this year’s election, my biggest concerns are sexism, racism, income inequality, environmental justice and basic human decency. These are topics that I have always been very passionate about, and they all boil down to the same point: human dignity. Regardless of age, race, sex, gender identity, sexual orientation, class or any other identity, everyone should be afforded basic human dignity. I believe the way we achieve this is through structural changes that are desperately needed. This country was built by property-owning white men in the 1700s, and I don’t believe that the biases against every other demographic has been rectified yet. For example, anti-racist policies in housing, policing and education must be implemented in order to create the racially equal society people of color deserve. This clearly is not happening in the United States, so my preference in voting goes to the candidate who supports structural changes like these or is willing to make strides towards the changes that are necessary to achieve that equality.

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El 3 de noviembre vota por la dignidad humana

October 22, 2020

Por Becca Holland, Ex-voluntaria de la Misericordia quien sirvió en la Reserva Navajo San Miguel en Arizona (Pueblo Navajo)

Mi madre siempre nos dijo a mi hermano, mi hermana y a mí que votáramos en todas las elecciones cuando tuviéramos la edad suficiente porque esa era nuestra responsabilidad. Definitivamente tuvo razón: es esencial que tu voz se escuche a través de la votación. Sin embargo, las tasas de votación entre los jóvenes son excepcionalmente bajas. Como mujer de 24 años, comprendo completamente la frustración que tiene mi generación con todo el proceso. Cada vez más, parece que nuestras voces no tienen sentido incluso cuando votamos. Entre el Colegio Electoral, la falta de educación cívica y los medios de comunicación sesgados, los jóvenes a menudo sienten que el país no tiene interés en lo que dicen nuestras voces.

Soy inherentemente una persona idealista y también inherentemente un poco radical. Pero incluso si muchos de mis amigos jóvenes y familiares mayores no son tan idealistas o radicales, en general estamos de acuerdo en que este país no actúa como si fuera nuestro. En las elecciones de este año, mis mayores preocupaciones son el sexismo, el racismo, la desigualdad de ingresos, la justicia ambiental y la decencia humana básica. Estos son temas que siempre me han apasionado mucho, y todos se reducen al mismo punto: la dignidad humana. Independientemente de la edad, raza, sexo, identidad de género, orientación sexual, clase o cualquier otra identidad, todas las personas deben gozar de dignidad humana básica. Creo que el modo de lograrlo es mediante cambios estructurales que se necesitan desesperadamente. Este país fue construido en los años 1700 por hombres blancos dueños de propiedades, y no creo que los prejuicios contra todos los demás grupos demográficos se hayan rectificado aún. Por ejemplo, se deben implementar políticas antirracistas en materia de vivienda, vigilancia y educación para crear la sociedad racialmente igualitaria que merecen las personas de color. Esto claramente no está sucediendo en Estados Unidos, por lo que mi preferencia en la votación es para el candidato que apoya cambios estructurales como estos o está dispuesto a avanzar hacia los cambios que son necesarios para lograr esa igualdad.

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Co-Creating Oneness through Mercy

April 27, 2020

The Coronavirus pandemic has affected all aspects of life, and the work of Mercy Volunteer Corps is no exception. In this extraordinary April, when we celebrate National Volunteer Month, Mercy Volunteers are more committed than ever to serving the most marginalized members of our communities. They continue to do so, some from community houses that have been deemed essential, to ensure that each person living on the margins continues to receive care and is not forgotten. During this special month of commemorating volunteers, follow along on our blog to read stories by alumni of Mercy Volunteer Corps whose lives have been forever changed through Mercy service.

By Sister Cathy Manderfield

I am a Sister of Mercy living and ministering in Philadelphia, Pennsylvania. I reside with two other Sisters of Mercy in a small convent nestled within a nonprofit organization called Mercy Neighborhood Ministries (MNM). The services offered at Mercy include programs for children, adult education support and a day program for seniors. I serve as the director of facilities and help manage things like landscaping, building repairs, renovations, ordering of supplies, food service and cleaning.

Renee Kettering, RSM '07 (Detroit); Catherine Lundstrom '18 (Detroit); Melissa Odoemene '18 (Detroit); Cathy Manderfield, RSM '96 '97 (Philadelphia and San Francisco); Jen Barrow, RSM '03 (Laredo); Jenny Wilson RSM '00 '02 '03 (Philadelphia and Guyana); Jackie Abbey '07 (Detroit).
Renee Kettering, RSM ’07 (Detroit); Catherine Lundstrom ’18 (Detroit); Melissa Odoemene ’18 (Detroit); Cathy Manderfield, RSM ’96 ’97 (Philadelphia and San Francisco); Jen Barrow, RSM ’03 (Laredo); Jenny Wilson RSM ’00 ’02 ’03 (Philadelphia and Guyana); Jackie Abbey ’07 (Detroit).

The two sisters I live with were instrumental in founding MNM more than 30 years ago. Although I only joined them just a few years ago, my introduction to and affinity for this community in North Philadelphia and for Mercy Neighborhood Ministries goes back over 20 years. MNM is located not far from where I served with the Mercy Volunteer Corps decades ago at Project HOME, an agency providing services and opportunities for individuals who have experienced homelessness. MNM was another service site for Mercy volunteers, and we often went to church on Sundays at the Catholic Church that housed the various programs that Mercy Neighborhood Ministries included then. Among many firsts in my time of service in Philadelphia was attending a predominantly African-American church. I was touched deeply by the participative style of worship and the depth of faith and feeling expressed in the prayer and especially music. We were invited to bring our whole selves to church in a way I had never experienced before.

My time as a volunteer coordinator with Project HOME would include more firsts. Not being from Philadelphia, I was afraid of getting lost and had never ridden a public bus before. Rarely did I have the opportunity to depend on the kindness of strangers, and I was not at all sure if I would be met with kindness. The bus route did not take me directly to where I needed to go and so I had to walk several city blocks to get to my ministry. Along the way, it felt as if my presence drew unusual attention. One person sitting on the stoop asked me if I was lost. As I walked on, a young person greeted me from a second story window with, “Hey Casper, it ain’t Halloween yet.” Before I even made it to my ministry site that first day, I sensed this experience would be the beginning of an altogether different kind of education. I began to wonder how I could have lived so far from the world I had just entered when it was only three hours from home.

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Cocreando Unidad a través de la Misericordia

April 27, 2020

Por la Hermana Cathy Manderfield

Soy una Hermana de la Misericordia que vive y sirve en Filadelfia, Pensilvania. Resido con otras dos Hermanas de la Misericordia en un pequeño convento ubicado dentro de una organización sin fines de lucro llamada Ministerios para Vecindarios de la Misericordia. Los servicios ofrecidos en la Misericordia incluyen programas para niños, apoyo educativo para adultos y un programa matutino para adultos mayores. Sirvo como directora de instalaciones y ayudo a administrar cosas como cuidado de jardines, reparaciones de edificios, renovaciones, pedidos de suministros, servicio de alimentos y limpieza.

Las dos hermanas con las que vivo fueron esenciales en fundar Ministerios para Vecindarios de la Misericordia hace más de 30 años. Aunque me uní a ellas hace solo unos años, mi presentación y afinidad por esta comunidad en el norte de Filadelfia y a Ministerios para Vecindarios de la Misericordia se remonta a más de 20 años; estos Ministerios no se encuentran lejos de donde serví con el Cuerpo de Voluntarios de la Misericordia, hace décadas en el Proyecto HOGAR, una agencia que brinda servicios y oportunidades para personas que han vivido la falta de un techo. Ministerios para Vecindarios de la Misericordia era otro lugar de servicio para voluntarios de la Misericordia, y a menudo los domingos íbamos a la Iglesia Católica que albergaba los diversos programas que entonces incluían los Ministerios para Vecindarios de la Misericordia. Entre los primeros en mi tiempo de servicio en Filadelfia estaba el asistir a una iglesia predominantemente afroamericana. Me conmovió profundamente el estilo participativo de adoración y la profundidad de la fe y los sentimientos expresados en la oración y especialmente en la música. Fuimos invitadas/os a asistir a la iglesia de una manera que nunca había vivido.

Mi tiempo como coordinadora voluntaria en el Proyecto HOGAR incluiría más novedades. Al no ser de Filadelfia, tuve miedo de perderme y nunca había viajado en un autobús público. Pocas veces tuve la oportunidad de depender de la amabilidad de los extraños, y no estaba del todo segura si me iban a recibir con amabilidad. La ruta del autobús no me llevó directamente a donde necesitaba ir, así que tuve que caminar por varias cuadras para llegar a mi destino. En el camino, sentí que mi presencia atraía una atención inusual. Una persona sentada en el porche me preguntó si estaba perdida. Mientras caminaba, una joven me saludó desde una ventana del segundo piso diciendo: «Eh Casper, todavía no es Halloween». Incluso, ese primer día antes de llegar a mi lugar de servicio, sentí que esta experiencia sería el comienzo de un tipo de educación completamente diferente. Comencé a preguntarme cómo pude vivir tan lejos del mundo en el que acababa de entrar, cuando solo estaba a tres horas de casa.

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Guided in the Spirit of Mercy

April 23, 2020

The Coronavirus pandemic has affected all aspects of life, and the work of Mercy Volunteer Corps is no exception. In this extraordinary April, when we celebrate National Volunteer Month, Mercy Volunteers are more committed than ever to serving the most marginalized members of our communities. They continue to do so, some from community houses that have been deemed essential, to ensure that each person living on the margins continues to receive care and is not forgotten. During this special month of commemorating volunteers, follow along on our blog to read stories by alumni of Mercy Volunteer Corps whose lives have been forever changed through Mercy service.

By Kathleen Kelly

I am a Mercy Volunteer Corps alumna, a Mercy Associate and a support person for the Philadelphia Mercy Volunteers. I served as a Mercy volunteer in Philadelphia, Pennsylvania, at Project HOME from 2014–2015.

I attended a Mercy College, Carlow University in Pittsburgh, Pennsylvania. As fate would have it, I submitted my application to Mercy Volunteer Corps on December 12, 2013—Mercy Foundation Day. Perhaps it would serve a sign for the way Mercy would forever change the trajectory of my life. I had planned to do a year of service and then return to Pittsburgh for a master’s degree in social work. When I read the description of a volunteer at Project HOME, my mind was made up. I had always held a desire to work with those experiencing homelessness; to learn that outreach workers engaged people at the very basic level on the streets solidified my decision. I came, through my education and my year of service, to realize how Catherine McAuley’s deep desire to serve the poor resonated with me. The connection I desired between prayer and service took root.

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Guiadas en el espíritu de la Misericordia

April 23, 2020

Por Kathleen Kelly

Soy ex voluntaria del Cuerpo de Voluntarios de la Misericordia, una Asociada de la Misericordia y apoyo a Voluntarios de la Misericordia de Filadelfia. Serví como voluntaria de la Misericordia en Filadelfia, Pensilvania, en el Proyecto HOGAR de 2014 a 2015.

Asistí a la Universidad de la Misericordia Carlow en Pittsburgh, Pensilvania. Como lo dispuso el destino, presenté mi solicitud al Cuerpo de Voluntarios de la Misericordia el 12 de diciembre de 2013, Día de Fundación de la Misericordia. Quizás sirva de señal sobre cómo la Misericordia cambiaría para siempre la trayectoria de mi vida. Había planeado hacer un año de servicio y luego regresar a Pittsburgh para obtener una maestría en trabajo social. Me decidí cuando leí la descripción de una voluntaria en el proyecto HOGAR. Siempre había deseado trabajar con los que estaban sin hogar; solidificó mi decisión el saber que los agentes que prestan ayuda entraban en contacto con las personas en el nivel más básico en las calles. Llegué, a través de mi educación y mi año de servicio, para darme cuenta de cómo resonaba en mí el profundo deseo de Catalina McAuley de servir a los pobres. Se arraigó en mí la conexión que deseaba entre la oración y el servicio.

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