Misericordia Ayer y Hoy — Formando la Próxima Generación de la Misericordia

Atesorar Nuestro Legado

El Día de Navidad de 1843 –a pocos días de la llegada de las Hermanas de la Misericordia en Pittsburgh, una joven, Eliza Tiernan, les mandó flores a su nuevo convento, para decorar el altar para la Misa de Navidad.

Eliza era la hija de un rico comerciante de Pittsburgh, sin embargo, fue atraída a una vida de servicio y misericordia. El 11 de abril de 1844 fue la primera americana aceptada en las Hermanas de la Misericordia, pronunciando sus votos temporales en la Catedral de San Pablo y tomando el nombre de religiosa Hermana M. Xavier, en honor a Madre Frances Xavier Warde.

Los talentos de la Hermana Xavier fueron evidentes de inmediato; en 1845 fue elegida para acompañar a Frances y al obispo de Pittsburgh Michael O’Connor en un viaje a Irlanda para animar a más hermanas a unirse a su misión en Pennsylvania. Después de volver, la Hermana Xavier usó su conocimiento de Pittsburgh para ayudar a las hermanas a abordar las necesidades del pueblo y también fue nombrada Directora de Novicias de la creciente comunidad de la Misericordia en Pittsburgh.

Trágicamente, tres de las hermanas a su cargo: las novicias Anne Rigley y Magdalen Reinbolt y la postulante Catherine Lawler murieron mientras cuidaban a víctimas de una epidemia de tifoidea que devastó Pittsburgh en 1848. La misma Hermana Xavier murió la semana después de una infección aguda y de los efectos del dolor y el agotamiento.

Su tiempo como Hermana de la Misericordia fue breve, pero dejó una imborrable huella en la comunidad de Pittsburgh y en las muchas hermanas en Pittsburgh que orientó hacia una vida de Misericordia.

Abrazar Nuestro Futuro

El legado de la Hermana Xavier sigue en vivo en muchas hermanas modernas, pero las raíces en Pittsburgh de la Hermana Cynthia Seriak y su ministerio con la Nueva Pertenencia encarnan el espíritu de la Hermana Xavier de manera única en el mundo de hoy.

Mi experiencia de trabajar con hermanas nuevas empezó en los 80 y se extiende desde Pittsburgh a Rochester y ahora al país entero en mi labor en la Oficina del Instituto para Nueva Pertenencia.

Al meditar sobre estos muchos años, me siento muy bendecida de haber formado parte de este importante trabajo y de poder conocer el futuro de la Misericordia en las caras y vidas de mujeres impresionantes.

Atesoro el ejemplo de Eliza Tiernan y veo su pasión en las mujeres con quienes tengo el privilegio de trabajar. Yo vi esa pasión en las mujeres que conocí cuando vine a una preparatoria de la Misericordia en Pittsburgh. Y creo que es esa misma pasión que animaba a Catalina McAuley y que vive en los corazones de todas las personas que siguen el camino de la Misericordia hoy. En verdad, «¡es algo glorioso ser una Hermana de la Misericordia!»