Criando a un bebé —con Misericordia: Parte II

August 30, 2019

Por Mark y Regina Piper, Asociados de la Misericordia

De septiembre a diciembre de 2017, apenas unas semanas después del nacimiento de nuestro segundo hijo, compartimos cómo nosotros, dos Asociados de la Misericordia jóvenes, nos esforzábamos en educar a nuestros hijos en los caminos de la Misericordia.

Mark y Regina Piper con sus niños
Mark y Regina Piper con sus niños

Nos enfocamos en las obras de misericordia, los valores del Evangelio, el cuidado de nuestra Tierra y el espíritu de Catalina McAuley. Hoy, que nuestros hijos tienen dos y cinco años de edad, nos gustaría reexaminar estos temas.

Asimismo, nosotros (Mark y Regina) hemos renovado nuestros compromisos como Asociados de la Misericordia en los últimos dos años, así que es un buen momento para recapacitar si estamos experimentándolos en medio del extraordinario aumento de pañales, los paseos en automóvil con los niños cantando a viva voz y repitiendo el abecedario, las cenas con pescado que no probarán hasta que les aseguremos que no es realmente pescado, sino pollo del mar, y las rabietas ocasionales que se aplacan justo a tiempo para un apacible acurrucar y encantadoras demonstraciones espontaneas de amor por parte de nuestros hijos.

Obras de Misericordia

Hemos descubierto el secreto para tener una casa limpia: no permitan que entren los niños.

Como les comentamos hace dos años, seguimos teniendo muchas oportunidades para participar en las obras espirituales y corporales de la Misericordia, como es llevar los problemas con paciencia. Hay días en que nuestra cocina puede tener más Cherrios esparcidos que una fábrica de General Mills al final de un turno. Con mayor seriedad, sobre todo el año pasado con nuestra hija de cinco años, tuvimos muchos motivos para «dar consejo a quien duda», y «consolar a quien sufre aflicción». Por supuesto, la cantidad de consuelo requerido para una rodilla rasguñada no siempre es proporcional. Nuestros hijos tienen aptitud para el dramatismo.

Valores del Evangelio

En el mes de junio, en tres domingos consecutivos (las semanas 15, 16 y 17 del Tiempo Ordinario) los Evangelios resumieron la paternidad cristiana, con el sabor de la Misericordia. Pueda que no parezca así, pero ir de la Parábola del Buen Samaritano a la historia de Marta y María y finalizar con la instrucción sobre la oración fue una invitación y un reconocimiento de que la paternidad y la maternidad incorporan la acción y el servicio con presencia y escucha, junto con la oración.

Puede ser un desafío vivir las enseñanzas de Jesús en estos tres Evangelios, en especial como padres con hijos activos y en crecimiento. Mostrar misericordia puede ser refrescante para el espíritu, pero mostrarle misericordia día tras día a los hijos puede ser agotador. Y, también, puede resultar difícil simplemente sentarse y permanecer con los hijos, en especial si te piden que colorees y luego te recuerdan que no estas haciéndolo bien. Los teléfonos móviles a un lado. El televisor apagado. La escucha atenta a nuestro hijo, incluso después de un día largo y no muy placentero en la oficina, es tan importante como mostrar misericordia por medio de la acción.

Finalizamos los días con oraciones en familia. A veces, nuestra hija quiere «oraciones cortas», pero sean cortas o largas, siempre incluimos la oración del Padre Nuestro como lo rezó Jesús. Y ciertamente entre nuestros dos hijos, que se llevan bien, aún sienten la necesidad básica de perdonarse mutuamente, como lo dice la oración, cuando uno «se olvida» de pedir permiso para coger el juguete del otro.

Cuidado de nuestra Tierra

La Misericordia, como la entendemos, «responde inmediatamente» y posee el doble carácter de realizar obras de caridad directas, mientras trata los asuntos sistémicos de gran alcance. En los últimos dos años, aprendimos nuevos temas relacionados con el cuidado de nuestra Tierra. Esperamos estar enseñando a nuestros hijos sobre los Asuntos Críticos de la Misericordia por medio de la oración, la atención a las elecciones personales y comunitarias, y la necesidad de abogar y comprometerse con líderes corporativos o legislativos.

A inicios de 2019, dejamos de llevar a nuestro hijo a la casa de una niñera y empezamos a llevarlo a una guardería. Cuando hicimos el cambio, ya no podíamos usar pañales de tela, sino que tuvimos que comprar pañales desechables, los cuales no son buenos para el medio ambiente. Fue una gran desilusión para nosotros. Además, descubrimos que en muchas guarderías no permiten suministrar leche materna. Resulta difícil boicotear a empresas como Nestlé (como lo hicieron las Hermanas de la Misericordia del Reino Unido). Felizmente, la guardería que escogimos nos permitió traer leche materna. A raíz de esto, como padres vemos la necesidad de orar y abogar por las problemáticas sistémicas que pueden mejorar la situación de las familias y de nuestra casa común, Tierra.

Concluir con Catalina

Vamos a la misa todos los domingos, pero eso es sólo parte de cómo nos esforzamos por atesorar el sábado santo y mantener la Misericordia como una realidad viva en nuestra familia, no es únicamente una idea intangible a la que se hace referencia de vez en cuando. Catalina McAuley dijo, «Haz una cosa a la vez; pues tienes quince horas desde las seis hasta las nueve». Ella santificó sus días no sólo por medio de las obras formales de misericordia, el servicio planificado y la acción directa, sino también asegurándose que sus hermanas bailaran en la noche y tomaran una reconfortante taza de té.

La Misericordia, la paternidad y maternidad, responden de inmediato, no sólo a la necesidad de acción, como se muestra en la Parábola del Buen Samaritano, sino dejando de hacer lo que estás haciendo para escuchar y estar presente a quienes están a tu alrededor, especialmente tus hijos. Ya sea haciendo o sintiendo, trabajando o escuchando, si realmente estamos enfocados en Dios, estaremos comprometidos en oración constante y ferviente. Cuando nuestros hijos crezcan, esperamos que sean como Catalina. Vaya, siempre que queremos crecer, ¡también queremos crecer como Catalina!

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