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Segunda Semana de Adviento — Toda una vida creando Paz

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Por Hermana Marilyn Sunderman

Esta es la segunda reflexión en nuestra serie de blogs del Adviento 2019.
En esta estación de esperanza y anticipo, les invitamos a subscribirse a nuestro blog y a leer junto con nosotras.

«¡Qué lindo es el caminar de quienes anuncian las buenas noticias!». (Romanos 10,15)

Los enemigos harán arados de sus espadas. El lobo habitará con el cordero. Estas imágenes describen lo que es la paz: la experiencia de la armonía entre el pueblo, como también con y en la naturaleza. En su práctica de compasión y justicia, Jesús encarnó la paz. Durante su ministerio público, Jesús enseñó a sus discípulos: «Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios» (Mateo 5,9). En el día de su resurrección, las primeras palabras de Jesús a sus apóstoles fueron: «La paz esté con ustedes» (Lucas 24,36).

Hoy, Jesús llama a sus seguidores a ser emisarios de la paz dondequiera que estén y cual fuera la situación en la que se encuentran. En este embrollo de la realidad global actual del terrorismo, guerras civiles, trata de personas, abuso de la naturaleza, y opresión económica, política y religiosa del pueblo, Jesús hace un fuerte llamado para que adoptemos su forma de no violencia, paz y justicia. Seguir a Jesús es ser pacificador/consolidador de la paz en nuestra comunidad global, nuestra Tierra.

Esto quiere decir estar en paz consigo mismo y en relación armoniosa con los demás. La paz interior tiene una dimensión externa que incluye un orden político y social justo y un bienestar ecológico.

La paz y la justicia están entrelazadas. Ser pacificador implica proteger la dignidad y los derechos de todas las personas, practicar la no violencia todos los días, participar en la resolución de conflictos y contribuir a los esfuerzos colectivos de la consolidación de la paz. El establecimiento y consolidación de la paz es un compromiso de por vida para enriquecer la vida y trabajar para lograr un mundo justo y sostenible.

Siguiendo los pasos de Jesús, San Francisco de Asís llevó una vida con el fin de establecer y consolidar la paz. Al iniciar cada uno de sus discursos públicos, Francisco acogía a su audiencia con las palabras: «Que el Señor les de paz». La predicación de paz de Francisco ocasionó que dos familias nobles en Bolonia se reconciliaran. Además, Francisco fue instrumental en restablecer la paz entre el obispo Guido II y el alcalde de Asís.

En su reflexión de 1993, The Harvest of Justice Is Sown in Peace (La cosecha de la justicia se siembra en la paz), los obispos católicos de Estados Unidos se centran en la creación de una cultura de paz. Como lo indican los obispos, llevarla a cabo incluye evitar la guerra, en especial la guerra nuclear; pero, en un sentido más amplio, comprende trabajar como una comunidad global para promover los derechos humanos y el potencial, trabajar para establecer y garantizar instituciones y estructuras religiosas, políticas, económicas y sociales que mejoren la vida y la sostenibilidad de nuestra Tierra. La demostración del crecimiento de tal cultura podría incluir una disminución en la violencia doméstica y los actos de terrorismo, la reducción y eventual eliminación de las armas de destrucción masiva, la desmilitarización global, y un mayor uso de la resolución de conflictos para resolver los problemas que enajenan a las personas y a la naturaleza en nuestra Tierra.


Preguntas para la reflexión:
— ¿Cómo podemos hacer posible la paz en el lugar donde vivimos?
— ¿Qué contribuciones podemos realizar colectivamente al desarrollo de una cultura de paz en nuestra Tierra?