Por la Hermana Mary Ellen Brody
¡Este es mi servidor!
Isaías 42:1,4
Yo he puesto mi espíritu sobre él…
No desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra.
Las Escrituras nos dicen que Jesús se cayó tres veces durante su camino a Getsemaní. Caerse es un hecho extraño. En la niñez, es algo natural. Los primeros pasos son tambaleantes y, por lo general, es algo que se celebra a pesar del número de veces que uno cae en el intento. Aprender a montar en bicicleta o patinar también causa caídas que nos hacen reír y bromear. A medida que el viaje de la vida continúa, caerse es un problema. Cuando tropezamos con la acera o algún pequeño objeto que los demás (excepto nosotros) percatan, nos sentimos avergonzados y les aseguramos a todos que estamos bien. Durante la ancianidad, la posibilidad de caernos nos causa miedo y angustia, ya que a menudo implica incapacidad. ¿Y si pudiéramos ver las caídas de otra manera?
Durante esta Cuaresma, cuando reflexionamos sobre las caídas de Jesús, podríamos llegar a otra conclusión sobre las caídas. Cuando Jesús cayó, no era un infante, ni estaba jugando, ni tampoco era anciano. Se nos ha dicho que solo tenía 33 años. Las caídas de Jesús son ocasionadas por el agotamiento físico y emocional, además del dolor extremo debido a la brutal paliza y el peso excesivo de cargar la cruz de madera.
La cita anterior de Isaías nos dice que Dios puso su espíritu sobre este servidor; no desfallecerá hasta implantar el derecho en la tierra. El Papa Francisco en su reflexión de 2024 sobre la tercera estación, le preguntó a Jesús:
«¿En qué piensas?, ¿cómo rezas postrado rostro en tierra? Pero, sobre todo, ¿qué es lo que te da fuerzas para volver a levantarte?… El amor del Padre por ti y el tuyo por nosotros: el amor, ese es el estímulo que te hace levantarte y seguir adelante. Porque el que ama no se queda derrumbado, sino que vuelve a empezar; el que ama no se cansa, sino que corre; el que ama vuela».
Nos conocemos como el Cuerpo de Cristo, la encarnación del Amor. ¿Podemos dejar ir el miedo, la vergüenza y los sentimientos de fracaso cada vez que caemos y, en cambio, proclamar que el Amor está presente?
La canción «What the World Needs Now is Love (Lo que el mundo necesita ahora, es amor)» por Burt Bacharach y Hal David fue popular en la década de 1960, pero es apropiada para toda ocasión. El cielo/ el mundo, en muchos sentidos, parece estar «cayendo», y nos causa miedo e impotencia. Hoy, muchas personas viven con miedo, desánimo e impotencia. Como Cuerpo de Cristo, encarnación del Amor, sabemos que somos diferentes. El mundo no solo está cayendo, sino que también tiene la oportunidad de volver a levantarse. Nuestra función en este momento oportuno es proclamar quiénes somos: Amor. La humanidad necesita ver y experimentar esta presencia. Como Misericordia, en sus múltiples formas, anunciamos a los demás que el Amor está presente; no nos cansamos, sino que corremos. Que siempre compartamos esta encarnación del Amor a través de la misericordia que vivimos.