Día Internacional de la Igualdad Familiar, domingo, 3 de mayo
Por Hermana Cynthia Serjak
Cuando era joven, recuerdo haber oído hablar de compañeros de clase que procedían de un «hogar roto». Esa expresión solía mencionarse con una mezcla de discreción, tristeza y, tal vez, un poco de juicio. En aquel entonces, esa etiqueta podía resultar útil, ya que a veces permitía brindar una atención especial a la niñez que era víctima de esa «ruptura». Sin embargo, poco a poco el término «roto» se volvió inadecuado, incluso hiriente, a medida que los padres solteros describían cómo su familia había sido capaz de sanar y volver a estar completa tras la marcha de un cónyuge — la persona que infligía todo tipo de maltrato en la familia —. A menudo supuso un alivio y brindó a la familia la oportunidad de plantearse cómo podía vivir de una manera sana y solidaria. No obstante, estas familias luchaban por ser reconocidas como familias de verdad, simplemente porque tenían una configuración diferente a la que se consideraba «tradicional»
El Día Internacional de la Igualdad Familiar (IFED son sus siglas en inglés) nos invita a reflexionar sobre los diversos tipos de familias que existen. Las familias monoparentales, las familias con dos madres o dos padres, las familias con padres o hijos LGBTQ+, y las familias que apoyan a miembros transgénero, todas ellas contribuyen a definir una nueva concepción de la familia.
También nos invita a reflexionar sobre cómo definir la familia de una manera que refleje las realidades de la vida que nos rodea. ¿Qué es lo que une a las familias? ¿De qué formas diferentes se manifiesta el amor? ¿Cómo se están replanteando los compromisos a medida que cambian las familias? ¿Cómo deben adaptarse nuestros sistemas sociales y legales para cuidar de nuestras familias? Para explorar estas cuestiones y ayudarme a comprenderlas mejor, hablé con un docente de secundaria que ha sido testigo de los retos a los que se pueden enfrentar las familias.
Durante nuestra conversación, me sorprendió bastante aprender lo pronto que la infancia puede empezar a cuestionarse su identidad, a experimentar dificultades e incluso a sufrir a medida que van comprendiendo quiénes son. A menudo son los docentes y los compañeros de clase quienes se dan cuenta de que algo está pasando y se convierten en sus primeros confidentes. Con demasiada frecuencia, la niñez tiene miedo de hablar con sus padres por temor al rechazo. Docentes y orientadores pueden verse en una situación delicada: por un lado, quieren ayudar a la niñez, pero por otro, deben respetar los derechos de los padres. Las familias «muy católicas» pueden ser las más difíciles, ya que creen en la distinción estricta entre hombre y mujer y sostienen que cualquier actitud o actividad que no se ajuste a esas distinciones es pecaminosa. Las historias de padres que dan la espalda a sus hijos, o incluso los repudian, plantean cuestiones difíciles, especialmente ahora que hemos profundizado en nuestra comprensión de las complejidades del género. IFED nació en los corazones de las familias LGBTQ+, sus amistades y aliados, que trabajan por el reconocimiento social y legal de sus familias. Sin embargo, esta jornada nos invita a reflexionar sobre el bienestar de todas las familias y su capacidad de ser resilientes cuando un miembro de la familia les revela algo sorprendente. ¿Aceptará la familia el deseo de esa persona de vivir tal y como ella se ve a sí misma? ¿Podemos tener la mente abierta para comprender que el amor de Dios se extiende a todas sus criaturas?
Como docentes, orientadores, administradores, amistades y familiares, podemos informarnos sobre cómo las familias están afrontando las complejidades de estos tiempos. Podemos animar a las familias a aceptar — e incluso a celebrar — la diversidad de la comunidad humana. Nuestro Capítulo del Instituto, que nos exhorta al «amor y justicia abundante», no exige menos.