donar
historias

La terapia de conversión no es católica

idiomas
compartir
Share this on Facebook Print

Por Hermanas Margaret Mary McBride y Patricia Combies, a nombre del Grupo de Tareas de Amor y Justicia Abundante para el Objetivo 8

La «conversión» es una experiencia profunda dentro del catolicismo. El caso más famoso es el de Saulo, el celoso fariseo que perseguía a cristianos, quien se convirtió en el camino a Damasco y pasó a ser San Pablo (Hechos 9).

La verdadera conversión implica «despojarse de la vieja naturaleza» (Ef 4, 22) y volverse hacia Dios. Es algo que cada persona debe elegir, ya que Dios nos ha dotado de libre albedrío en todas las cosas. El propio Cristo dio ejemplo de ello al «invitar a las personas a la fe y a la conversión, pero sin coaccionarlas jamás. “Porque él dio testimonio de la verdad, pero se negó a imponerla por la fuerza…”» (Catecismo de la Iglesia Católica, p. 44).

Por eso la terapia de conversión no es católica. De hecho, es lo contrario.

Pero ¿qué es exactamente la «terapia de conversión»?

También conocida como «terapia reparativa», la terapia de conversión (solo en inglés) es el conjunto de prácticas desacreditadas que pretenden cambiar la orientación sexual, la identidad de género o la expresión de género de una persona. Por lo general, este tipo de «terapia» es impuesta en la juventud LGBTQ+ por sus padres, tutores o líderes religiosos conservadores con el fin de «curar la homosexualidad mediante la oración», y puede incluir coacción, rechazo, aislamiento y recriminación.

Las principales organizaciones médicas y de salud mental reconocidas han rechazado rotundamente estas prácticas, ya que no se basan en pruebas científicas y no funcionan. De hecho, décadas de investigación apuntan a los peligros que entrañan estas prácticas.

La terapia de conversión tiene sus orígenes en los años 1800, cuando los psicólogos creían que la homosexualidad y la disforia de género debían curarse o castigarse, en lugar de entenderse como parte de la identidad que Dios ha otorgado a cada persona. Estas ideas preconcebidas también tenían su origen en el condicionamiento religioso y social de la época, en la que todo lo que se salía de la «norma» se consideraba malo.

La ciencia, la medicina y la terapia han avanzado enormemente desde los años 1800, pero nuestros corazones, en conjunto, siguen cerrados a todo el espectro de la identidad humana. El clima político actual ha provocado un vergonzoso resurgimiento de la promoción de las terapias de conversión.

La terapia de conversión no es católica, porque se nos pide que aceptemos a nuestros seres queridos LGBTQ+ tal y como son.

La terapia de conversión no es católica, ya que esta supuesta terapia solo causa daño. A menudo se asocia con consecuencias duraderas (solo en inglés), entre las que se incluyen:

• Depresión
• Ansiedad
• Ideas suicidas
• Abuso de sustancias
• Trastorno por estrés postraumático

La terapia de conversión no es católica porque se basa en prejuicios sobre qué identidades son «correctas» y cuáles «incorrectas». Estos prejuicios no son necesariamente decisiones deliberadas que tomamos; más bien, son formas habituales de pensar que no nos hemos cuestionado personalmente.

Así pues, en lugar de imponer una conversión a otras personas, consideremos una conversión en nuestro propio corazón. ¿Cómo podemos convertirnos para abrir más nuestras mentes, tener y dar más amor y ser más tolerantes con todo el pueblo de Dios? ¿Cómo podemos escuchar de verdad las historias sagradas de otras personas?

«Me alegra que hablemos sobre las personas homosexuales porque antes que nada viene la persona individual en su totalidad y dignidad. Y la gente no debe ser definida solo por sus tendencias sexuales: no olvidemos que Dios ama a todas sus criaturas y que estamos destinados a recibir su amor infinito».

Papa Francisco, El nombre de Dios es Misericordia