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Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la cruz 

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Por la Hermana María Rosario Gaite

En la quinta estación, vemos a Simón de Cirene sacado de entre la multitud y al que se le pide que ayude a Jesús a llevar su cruz. Simón no estaba deseando que llegara este momento. Simplemente estaba de camino a casa desde el campo. Sin embargo, de repente, se encontró caminando junto a Jesús, compartiendo su sufrimiento.

El Papa Francisco, en su meditación sobre la estación escrita en 2024, nos recuerda que Jesús no rechazó esta ayuda. Permitió que alguien le acompañara en su debilidad. Esa imagen me llega profundamente. A menudo, sentimos que debemos cargar con todo nosotras mismas. Queremos ser fuertes. Queremos parecer capaces. No queremos ser una carga para los demás.

Pero Jesús nos muestra que aceptar ayuda no es debilidad. Es amor.

Recientemente, esta estación cobró vida para mí de manera muy sencilla. Una mañana, durante mi paseo por el parque, vi a un joven empujando con delicadeza la silla de ruedas de una persona amputada mientras cruzaban la calle. Probablemente eran familiares. No había nada dramático en ese momento, pero me conmovió profundamente. El joven era paciente y amable, y ayudaba sin quejarse. Al verlos, pensé de inmediato en Simón de Cirene.

Me recordó que la Quinta Estación no es solo un momento de hace mucho tiempo. Ocurre a nuestro alrededor todos los días.

Como Hermana de la Misericordia y directora de escuela, este puesto me resulta muy cercano a la vida cotidiana. Gran parte de nuestro ministerio consiste en ayudar a otras personas a llevar las cruces que no han elegido. A veces entramos voluntariamente en estos momentos. Otras veces, como Simón, simplemente nos sentimos atraídas por ellos.

Pienso en las veces que nos acercamos a familias que tienen dificultades económicas y se preguntan en silencio cómo van a mantener a sus hijos en la escuela. Pienso en los empleados que regresan al trabajo con dolor tras la muerte de un ser querido. Pienso en estudiantes que vienen a la escuela sonriendo, pero que, en silencio, llevan en sus corazones ansiedad, tristeza o miedo. También pienso en los desconocidos con los que nos encontramos y que quizá estén luchando con dificultades de salud mental. En esos momentos, estamos llamadas a no juzgar, a no ridiculizar y a no dar la espalda, sino a estar presentes con delicadeza y a tratarles con la dignidad que merecen.

En estos momentos, nos convertimos en Simón.

Es posible que no podamos quitar la cruz. No podemos resolver todos los problemas ni eliminar todo el dolor. Pero podemos caminar junto a alguien. Podemos escuchar. Podemos ofrecer comprensión. Podemos hacer que la carga se sienta más liviana simplemente porque ya no la llevamos solas.

¿No es así como se manifiesta la misericordia en la vida cotidiana?

Simón no predicó. No hizo ningún milagro. Simplemente ayudó a llevar la cruz durante una pequeña parte del camino. Sin embargo, ese simple acto pasó a formar parte de la historia de la salvación. Esto me recuerda que los pequeños gestos de amabilidad y presencia son más importantes de lo que a veces creemos.

Esta estación también nos invita a ver a los Simones en nuestras propias vidas. Incluso en el ministerio, incluso en el liderazgo, no estamos destinadas a llevar todo solas. Hay momentos en los que estamos cansadas, inseguras o abrumadas. Hay momentos en los que necesitamos el apoyo de nuestra comunidad, de nuestros compañeros y nuestras hermanas.

Jesús nos enseña que permitir que otros nos ayuden también es un acto de humildad y confianza.

Quizás esta quinta estación nos invita a plantearnos dos sencillas preguntas:

¿A quién te pide Dios que ayudes a llevar la cruz hoy?
¿Y a quién enviará Dios para ayudarme a llevar la mía?

Mientras continuamos nuestro camino cuaresmal, que podamos notar las cruces que nos rodean. Que tengamos el valor de dar un paso adelante como Simón. Y que también tengamos la humildad de aceptar ayuda cuando la necesitemos.

Cuando se comparte la cruz, la esperanza crece silenciosamente. Y en ese camino compartido, nos acercamos un poco más al corazón de Jesús.