Caer y usar la gracia de Dios para volver a levantarse

November 14, 2019

Por Hermana Cora Marie Billings

*Adaptado de un artículo que apareció en la edición noviembre/diciembre 2019 de ¡Viva! Mercy

En la década de los 40, mientras caminaba sola las nueve cuadras hacia la escuela primaria católica, que era predominantemente de irlandeses y con solo catorce estudiantes afroamericanos, invoqué la intercesión del Beato Martín de Porres.

Se preguntarán, ¿por qué Martín? Incluso a la edad de siete años, como niña que creció en Filadelfia, me impactó alguien que se parecía a mí.

Como en muchas situaciones en las que soy la primera o la única, Martín me inspira.

A veces en su vida, como Hermano dominico, trascendió humildemente al racismo sistémico que afrontó. Fue rechazado por su propio padre por la complexión oscura que heredó de su madre, una mujer libre de Panamá. Los historiadores sugieren que se sintió indigno de llegar a ser un hermano religioso, por lo que se hizo hermano lego.

Su espiritualidad extraordinaria, generosidad y cuidado hicieron que su comunidad le pidiera hacer la profesión plena. A veces me pregunto por qué tardó tanto su canonización, cuando durante su vida hubo momentos de bilocación y milagros.

Murió en 1639 pero no fue canonizado sino hasta 1962. Todavía hoy hay personas a las que se les dificulta creer que algo bueno, y mucho menos «santo», puede venir de una persona negra.

El 24 de julio de 1990, el grupo nacional del clero católico negro estableció el mes de noviembre como el mes de la historia católica negra. Se eligió el mes de noviembre por la fiesta de San Martín de Porres, el 3 de noviembre; el cumpleaños de San Agustín es el 13 de noviembre y nosotras iniciamos el mes celebrando a Todos los Santos y los Fieles Difuntos, entre otras razones.

El mes sirve como una invitación para recordar la rica historia de los católicos negros y su aporte a la Iglesia.

Estoy agradecida, este mes y cada día, por Martín de Porres. También lo estoy por las otras seis personas negras en camino a la santidad: La Madre Mary Lange, el Padre Augustus Tolton, la Madre Henriette Delille, Julia Greeley, Pierre Toussaint y la Hermana Thea Bowman.

La cantante Donnie McClurkin compuso un himno evangélico contemporáneo titulado: «Caemos». Una y otra vez nos recuerda que un «santo es solo un pecador que cae… y se levanta».

Esto me alienta en mi jornada diaria hacia la eternidad. Estas seis figuras inspiradoras me ayudan a saber que también puedo ser santa.

Al finalizar esta reflexión, les doy un desafío para noviembre. Mi mamá solía decirme que, si no aprendía algo nuevo cada día, entonces no valía la pena. Por favor, hagan que cada día valga la pena.

Mientras continuamos nuestro camino a la santidad, investiguemos las vidas de quienes nos han precedido. Somos afortunadas de tener modelos a seguir.

Nosotras — como ellos — somos «solo pecadores que cayeron» y usan continuamente las gracias de Dios para levantarse.


Miren aquí a la Hermana Cora Marie Billings dando una breve reflexión para el mes de la historia católica negra.

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