El centro de detención del ICE dista mucho de ser una «ciudad sobre una montaña»
Hermana Catherine Kuper
Nunca había visto tantos alambres de púas ni de cuchillas en concertina, que brillaban de forma tan amenazante bajo el sol y rodeaban los edificios de ladrillo rojo del Centro de Detención en McCook, Nebraska, como un lazo de horca y haciéndolos parecer el lugar más desolado de la Tierra.
Me dolía el corazón por los inmigrantes que se encontraban dentro y que podrían haber llegado a ser 100 o 200 en ese momento.
El centro, situado en lo alto de una montaña, estaba muy lejos de ser lo que Jesús tenía en mente cuando dijo: «No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña». (Mateo 5, 14)
El 15 de agosto de 2026 me uní a un grupo de casi 300 personas en una manifestación pacífica cerca de esas instalaciones. Queríamos que los hombres que estaban allí dentro supieran que seguíamos apoyándolos un año después de que el gobernador de Nebraska, Jim Pillen, permitiera al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos (ICE), mantener inmigrantes detenidos en el antiguo campamento de trabajo estatal que estuvo orientado a la rehabilitación.
Muchos residentes de McCook y de todo Nebraska se opusieron firmemente a la apertura de este centro de detención y todavía insisten en que éste sea clausurado.
Durante diez horas realicé el viaje de ida y vuelta en autobús, debido a mi compromiso como Hermana de la Misericordia de las Américas de acompañar a los inmigrantes.

«No hemos olvidado»
Yo viajé a McCook con la organización sin ánimo de lucro «Mothers and Others: Justice and Mercy for Immigrants» (Madres y otros: justicia y misericordia para inmigrantes). Esta nació de una manifestación semanal en apoyo a los inmigrantes que Hermana Kathleen Erickson convocaba frente a un convento de la Congregación de la Misericordia, en una transitada calle de Omaha.
Esa es una de las iniciativas que apoyamos para ayudar a los inmigrantes, incluidas aquellas que operan en la frontera entre Estados Unidos y México, como «Annunciation House», (Casa Anunciación) un centro de acogida para inmigrantes en El Paso, Texas.
Mis compañeras y compañeros de viaje y yo llevábamos pancartas con mensajes de apoyo:
«No hemos olvidado».
«Somos amigos y amigas de los inmigrantes».
Otros sostenían grandes letras fluorescentes que formaban la frase «Omaha Cares» (Omaha se preocupa), para que los hombres que se encontraban dentro del centro de detención pudieran vernos.
Muchos habitantes de Nebraska de muy diverso origen alzaron su voz en la manifestación contra las crueles políticas de inmigración del presidente Donald Trump y del gobernador del estado.

¿Por qué tantas alambradas?
Durante la manifestación, mi mirada no dejaba de volverse hacia las interminables alambradas del centro de detención. Este tipo de alambre se extiende por los ranchos de esta zona, pero normalmente sirve para contener rebaños de ganado.
«¿Por qué hay tantas cercas de alambre?», me preguntaba. «¿A quién mantienen dentro y quién se mantiene fuera?».
Durante la manifestación, me sorprendí a mí misma rezando para que los funcionarios del Gobierno dejaran de difamar a los inmigrantes, la mayoría de los cuales no tienen antecedentes penales más allá de infracciones menores, como una multa de tráfico. Su único «delito» es la pobreza y la desesperación.
El centro de detención de ICE situado en la montaña representa el racismo, el gasto desenfrenado, la crueldad, la falta de consideración y una falta de control que, maliciosamente, quiere parecer control.
Nunca había estado en McCook. Esta atractiva y dinámica comunidad de 8.000 habitantes no debería tener que soportar esta plaga en su comunidad.
Solo me queda decir: «Dios mío, perdónanos y ayúdanos a ser mejores personas».
Votar por un cambio basado en la compasión
Los votantes que creen en políticas humanitarias para los inmigrantes y todas las personas necesitadas, deben actuar, alzar la voz y votar para elegir a representantes que promulguen un cambio solidario y humano.
Votar es fundamental, pero además hay otras formas de hacer oír su voz: llamando a sus representantes, firmando peticiones, escribiendo cartas a los directores de medios, exigiendo que los responsables rindan cuentas por el trato inhumano y despiadado que reciben los inmigrantes.
El mandamiento evangélico de «acoger al forastero» es algo que yo tomo muy en serio como Hermana de la Misericordia. Mi orden religiosa ha acompañado a los inmigrantes en Estados Unidos y a nivel internacional desde 1843; instamos a las personas de fe y buena voluntad a que se solidaricen públicamente con los inmigrantes.
Las conmovedoras oraciones y declaraciones de apoyo a los inmigrantes del Papa León XIV y del Papa Francisco fueron las que me impulsaron a acudir a la manifestación frente al Centro de Detención de McCook.
La última encíclica del Papa Francisco, Dilexit Nos («Nos amó»), insta a la humanidad a cuidar de las personas pobres como parte de la recuperación de «lo más importante: el corazón».
Cuando votemos este noviembre, recordemos cómo el Papa León, primer papa estadounidense, conmemoró el aniversario 250º de nuestra nación.
En su carta del 4 de julio dirigida a los estadounidenses, él insistió en que proteger toda vida humana significa «acoger, proteger y ayudar a los inmigrantes, cuyas esperanzas, sacrificios y contribuciones han formado parte de la historia de este país desde sus inicios».
«Acogerles con compasión y generosidad no es solo un acto de caridad, sino también un reconocimiento de la dignidad que corresponde a toda persona humana».