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La intrépida Frances Warde

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Hermana Julia Upton

La intrépida Frances tenía solo 17 años cuando conoció a Catalina McAuley. Aunque al principio se mudó a Dublín por su vida social, Frances pronto se desilusionó con su superficialidad y empezó a anhelar algo más profundo y signifiacativo. Le contó esta inquietud a su confesor, el Padre Edward Armstrong, un asesor de confianza de Catalina McAuley, quien le sugirió a Frances que diera clase unas horas al día en la escuela para niños pobres que acababan de abrir en Baggot Street. Así fue como Frances conoció a Catalina, a quien admiraba profundamente. «Entre estas dos mujeres tan dotadas surgió una amistad sagrada que nunca se desvaneció mientras vivieron»[1], y cuando el Arzobispo Daniel Murray aprobó el Instituto de Nuestra Señora de la Misericordia el 24 de septiembre de 1828, Frances se convirtió en miembro permanente, «dejando a un lado sus ropas lujosas y cómodas para ponerse un vestido negro de tela sencilla, con una cofia de encaje…»[2].

Dos años después, Catalina nombró a Frances responsable de finanzas del Instituto, mientras que Catalina, Ana María Doyle e Isabel Harley terminaban su noviciado en George’s Hill. Una vez que hicieron su profesión y volvieron a Baggot Street, Frances siguió encargándose de las finanzas de la casa, además de dar clase en la escuela y visitar a enfermos. Cuando Ana María Doyle se convirtió en superiora de la fundación de Tullamore en 1836, Frances fue nombrada ayudante de Catalina.

Su biógrafa, Hermana Kathleen Healey, RSM, describió a Frances como «digna, vivaz y atractiva… que siempre conservaba un espíritu juvenil y divertido».[3] Tras madurar y desarrollar sus dotes administrativas, Frances era la candidata ideal para dirigir la fundación de Carlow en 1837. Mientras Catalina aún vivía, Frances fue la única otra Hermana de la Misericordia que creó nuevas comunidades: Naas (1839) y Wexford (1840), que ella diseñó junto con Catalina; y, tras la muerte de Catalina en 1841, fundó un convento en Westport en 1842, tal y como Catalina le había aconsejado.

El 4 de octubre de 1843, el recién nombrado obispo de Pittsburgh, Monseñor Michael O’Connor, y el párroco de San León, Padre James Maher, visitaron el convento para pedir que se enviaran maestras religiosas a su diócesis recién creada, situada en las zonas más recónditas del oeste de Pensilvania. Aunque Frances no estuvo presente en la conversación, las 23 hermanas expresaron un ferviente deseo de embarcarse en la misión al «Nuevo Mundo». Frances fue elegida para dirigir la fundación y, menos de un mes después, el 2 de noviembre de 1843, se marcharon del Convento de San León, rumbo a Dublín, pasando por Naas. Desde allí se dirigieron a Kingston, el puerto de Dublín, donde zarparon hacia Liverpool; se quedaron allí hasta que su barco estuviera listo para zarpar. El 10 de noviembre, el Reina del Oeste, el velero transatlántico más grande de la época, estaba listo para zarpar en su primer viaje de regreso a Nueva York.

La rapidez con la que tomaban decisiones contrastaba de forma sorprendente con lo tedioso que era viajar en aquella época. Las hermanas llegaron a Nueva York el 11 de diciembre y disfrutaron de la hospitalidad de las Damas del Sagrado Corazón, en la calle Houston, hasta que pudieron seguir el camino hacia Pittsburgh. Al cabo de tres días se fueron en tren a Filadelfia, donde se quedaron otros cuatro días con las Hermanas de la Caridad. El 18 de diciembre, por fin emprendieron la última etapa de su camino, cruzando las montañas Allegheny hasta Pittsburgh. Como en el carruaje no cabían todas, se dividieron en dos grupos y tomaron rutas diferentes: uno hacia el norte, por el río Juniata, y el otro hacia el sur, pasando por Carlisle y Greensburg. Ese camino, que les llevó 60 horas —con paradas solo para cambiar de caballos—, hoy nos llevaría unas seis horas por la autopista. Llegaron el 21 de diciembre, que casualmente era el Día de Acción de Gracias en Pittsburgh, y ese día se convirtió al instante en el Día de Fundación de las Hermanas de la Misericordia en Estados Unidos. Al día siguiente, en un edificio alquilado de cuatro plantas, inauguraron el convento, empezaron a preparar la misa del día de Navidad y a dar clase a los niños del barrio.

William Quarter, obispo electo de la recién creada diócesis de Chicago, que había estado entre los que dieron la bienvenida a Frances y a las hermanas a su llegada a Nueva York, le hizo prometer que también fundaría una comunidad en Chicago. Siempre fiel a su palabra, Frances pudo hacerlo por fin en 1846. Ella acompañó a seis hermanas en ese arduo camino, navegando río arriba por el Ohio y luego alquilando un carruaje hasta Cleveland, donde se subieron al Oregon, con la intención de recorrer el resto del trayecto en ese barco. Sin embargo, las «dejaron estancadas» en Detroit y tuvieron que tomar un carruaje hasta Kalamazoo, donde se subieron al barco a vapor Sam Ward para hacer el último tramo hasta Chicago, adonde llegaron el 24 de septiembre. Ese camino de cinco días nos llevaría hoy unas siete horas en coche.

En 1846, Chicago era bastante más primitiva que Pittsburgh, con una población formada por cazadores, comerciantes, marineros, granjeros, indígenas americanos y trabajadores inmigrantes, cuyos hijos se matriculaban en la escuela de las hermanas. Ese otoño también se pusieron en marcha de verdad las demás obras de misericordia, y se hicieron planes para crear un orfanato y un hospital. Unos meses más tarde, Frances tuvo que volver a Pittsburgh, así que se dispuso a hacer el camino de vuelta en invierno y sola, con resultados angustiosos, pero eso no detuvo ni desanimó a la intrépida Frances Warde. Volvió enseguida al trabajo en Pittsburgh y, el 9 de mayo de 1848, se inauguró el Hospital de Misericordia, justo a tiempo para hacer frente a los brotes de cólera que pronto asolaron la ciudad.

Por delante le esperaban al menos otras 20 fundaciones, entre ellas la de Providence, Rhode Island (1851); Manchester, New Hampshire (1858); y Bangor, Maine (1865). A principios de la década de 1880, sin embargo, poco después de su última fundación a Deering, en New Hampshire (1882), la salud de Frances empezó a deteriorarse. No quería ningún trato especial y se quedó en su propia cama del dormitorio hasta el final. Mientras tanto, hermanas de toda Nueva Inglaterra acudieron a recibir su última bendición en esos últimos meses, hasta que falleció en paz en las primeras horas del 17 de septiembre de 1884, a los 74 años y en su 53.º año de profesión.

Con motivo de la celebración del 50.º aniversario de la fundación en Estados Unidos, el Obispo Denis Bradley, de la recién creada Diócesis de Manchester y antiguo estudiante de Frances,[4] declaró:

Hace cincuenta años eran siete. Hoy en día son miles y están presentes en cincuenta y ocho diócesis de Estados Unidos. Tuvimos la suerte de contar como fundadora con alguien que se empapó del espíritu de la Orden directamente de su origen, alguien que estuvo a cargo del gobierno de esta comunidad durante veinticinco años: la Venerable Madre Warde.  Ahora descansa entre las colinas de New Hampshire, en esta tierra que tanto quería.

¿Hemos dicho «descansa»? Creemos que no descansa, sino que está tan cerca de cada una de sus hijas vivas como de las difuntas que yacen a su lado, recordándoles la bendición de su elevada vocación y esa recompensa inmensamente grande que les espera en el cielo.[5]


[1] Las Hermanas de la Misericordia de Manchester, New Hampshire, Rev. Mother M. Xavier Warde [Rvda. Madre M. Javier Warde] (1902) 19. Aunque esta biografía no cuenta con las minuciosas referencias de libros posteriores, ya que se publicó solo quince años después de su muerte, muchas de las colaboradoras la habrían conocido y habrían vivido con ella, lo cual tiene valor en sí mismo, aunque resulte un poco hagiográfico.

[2] Rev. Mother M. Xavier Warde [Rvda. Madre M. Javier Warde], 25.

[3] Kathleen Healy, RSM, Frances Warde: American Foundress of the Sisters of Mercy [Frances Warde: fundadora estadounidense de las Hermanas de la Misericordia] (Nueva York: Seabury Press, 1973) 56-57.

[4] Fundada el 4 de mayo de 1884, la Diócesis de Manchester, que abarca todo el estado de New Hampshire, se separó de la Diócesis de Portland, que hasta entonces incluía tanto Maine como New Hampshire.

[5] Rev. Mother M. Xavier Warde [Rvda. Madre M. Javier Warde], 287.