Edad 86
La vida de Hermana Mary fue un testimonio del amor de Dios. Su sabiduría amable, su corazón cálido, su espíritu generoso y su presencia encantadora tocaron las vidas de muchísima gente.
Mary nació en Concord, Nuevo Hampshire y a los dieciocho años ingresó en la congregación de las Hermanas de la Misericordia en Providence, Rhode Island. Se licenció en Educación Primaria en Mount Saint Mary College de Hooksett, en Nuevo Hampshire.
A lo largo de su ministerio, Hermana Mary vivió fielmente el carisma de la Misericordia. Compartió su pasión por el aprendizaje y su profunda fe como profesora durante tres años en la Academia Mount Saint Mary, catorce años en Manchester West Catholic y catorce años en la Escuela Santa Catalina, todas ellas en Manchester, Nuevo Hampshire. Más tarde, trabajó como administradora durante doce años en el Hogar San Patricio para Mujeres Jóvenes, donde ofreció un liderazgo compasivo y apoyo a las chicas que estaban a su cargo. Además, colaboró en el servicio a la comunidad con las Hermanas de la Misericordia, entregándose siempre con humildad y alegría.
Las personas que conocieron a Hermana Mary la recordarán por su amabilidad incansable, su fuerza serena y su hospitalidad tan encantadora. Su vida se basaba en la oración y la gratitud. Las palabras grabadas en su anillo de profesión, que adoptó como lema de vida, eran sencillas pero profundas: «Gracias a Dios». Estas palabras reflejaban el espíritu con el que ella vivía cada día: con humildad, esperanza y agradecimiento por cada bendición.