Por Hna. Rosita Sidasmed
Para los pueblos indígenas, el agua no es simplemente un recurso. Está profundamente unida al territorio, la memoria, la identidad cultural y la espiritualidad. Por lo tanto, defender la naturaleza y defender los derechos humanos son parte de una misma misión.

Durante este Tiempo de la Creación, la experiencia de la Red Eclesial Gran Chaco y Acuífero Guaraní (REGCHAG) nos recuerda que cuidar las aguas vivas es mucho más que proteger un bien natural. Es defender la vida, escuchar a las comunidades que habitan los territorios y comprometernos con un futuro más justo y sostenible para toda la creación.
Porque donde fluye el agua, florece la vida.
Esta región, que abarca Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay, alberga una extraordinaria biodiversidad, proveen agua a millones de personas y sostienen la vida, la cultura y la espiritualidad de numerosas comunidades indígenas y rurales. Su conservación contribuye no solo al bienestar de quienes los habitan, sino también al equilibrio ecológico de toda la región.

Soy secretaria ejecutiva de la REGCHAG, una articulación eclesial que acompaña a comunidades de estos territorios. Integrada por más de 117 organizaciones, la red articula esfuerzos a largo plazo para apoyar y defender los derechos humanos, el agua, la biodiversidad y fortalecer los liderazgos comunitarios, especialmente de grupos indígenas, mujeres y jóvenes.
No es menor estar al lado de las comunidades alojadas en sus territorios. Muchas veces acompañamos a comunidades que enfrentan desalojos, amenazas o situaciones de vulneración de derechos. Como Iglesia, creemos que es fundamental caminar junto a ellas y hacer visibles sus voces.
Una de nuestras acciones es acompañar a Sembradoras de Esperanza, una organización de mujeres del Chaco paraguayo que enfrenta presiones y amenazas por defender sus territorios.
La red también participa en iniciativas de incidencia para genera conciencia sobre proyectos que podrían afectar nuestros ecosistemas y cursos de agua. Trabajamos también para fortalecer los liderazgos juveniles e indígenas, promoviendo espacios de encuentro, formación y escucha para que las propias comunidades puedan identificar sus necesidades, desarrollar propuestas y liderar los procesos de transformación en sus territorios.
Esta misión de escucha y acompañamiento también estuvo presente recientemente en Roma, donde fui invitada por el Vaticano para representar a la REGCHAG en el IV Encuentro Sinodal Fratelli Tutti: Diálogo Socioambiental Norte-Sur.

Como parte del evento, tuve el honor de tener una audiencia con el Papa León XIV el 12 de septiembre y le entregué una bandera, símbolo del compromiso de los pueblos que trabajan por la defensa de los territorios, el agua y la vida.
También representé a la red en la COP30 en Belém, Brasil, en noviembre, llevando las voces de las comunidades a los debates globales sobre justicia climática y la protección del agua.
REGCHAG busca empoderar a las comunidades para convertirse en protagonistas de la defensa de la vida, el agua y la Casa Común.
