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Una conversación que no podemos ignorar

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Por Hermana Kathleen Erickson

En el viaje de regreso a Estados Unidos de nuestra delegación sobre las Causas Fundamentales a San Pedro Sula, Honduras me senté junto a una maestra que acompañaba a un grupo de estudiantes hondureños, de primaria y secundaria, que se dirigían a una experiencia de debate en las Naciones Unidas. Su inglés era perfecto ya que había estado seis años en los Estados Unidos estudiando en la universidad. Tuvo curiosidad sobre nuestra delegación internacional. Yo tuve curiosidad sobre su punto de vista de la realidad hondureña.

Estuvo de acuerdo en que la «clase media» hondureña es muy pequeña y que su familia es considerada de clase media, ya que su padre inició años atrás un negocio exitoso y su madre es profesional. No, ellos no se involucraban en protestas, me dijo, aunque el gobierno actual está haciendo difícil que los negocios prosperen, y su padre está pasando momentos difíciles. Se rió cuando le dije lo aliviada que estaba de que no fuera defensora de Hernández (Juan Orlando Hernández es el presidente de Honduras). Dice que la gente «mira para otro lado» cuando empiezas a hablar sobre la pobreza y los problemas de violencia en el país, y el que la gente se tenga que ir del país.

Grafiti en Tegucigalpa, Honduras (JOH: Juan Orlando Hernández).
Grafiti en Tegucigalpa, Honduras (JOH: Juan Orlando Hernández).

«¿Qué quieres decir con que miran para otro lado?», le pregunté.

«Que no quieren hablar de ello», dice. «Que no es su culpa».

Luego habló de lo que considera es una falta de patriotismo. «La gente no está orgullosa de su país». Dijo que conoce personas que incluso llegarían a decir que son de otro país y no de Honduras.

Pensé que mucha gente en los Estados Unidos «miran para otro lado». Lo que sucede en Honduras no es nuestra culpa, ¿verdad? Muchos se preguntan por qué miles de familias pobres vienen a los Estados Unidos. Pero hay poco conocimiento de la influencia norteamericana y del entrometimiento empresarial en Centroamérica. Mucha gente no ha visto la pobreza que agota la vida, la gente estafada de sus tierras por las empresas que van por los recursos naturales, las maquiladoras propiedad de los Estados Unidos que pagan salarios miserables.

Dos niños jugando juntos afuera de su casa.
Dos niños jugando juntos afuera de su casa.

Desde que una conferencista nicaragüense me dijo en 1985 que «la gente de los Estados Unidos es buena, pero que viven en una nube de desinformación», me he dado cuenta de que lo que se necesita aquí es concientizar a la gente. Muchas delegaciones y presentaciones más tarde, mi desafío es pasar al siguiente nivel. No podemos mirar para otro lado diciendo que es demasiado deprimente. Tenemos que informarnos, luchar para saber cómo abordar la codicia empresarial en relación con nuestro propio privilegio y estilo de vida, y diseñar estrategias para cambiar las estructuras y creencias que benefician a algunos y destruyen las vidas de otros.

Nadie tiene las respuestas. Solo juntos podemos afrontar ese desafío. Debemos dejar de mirar para otro lado.