Connect with Mercy

Stewards of the Earth

September 27, 2020



By Jackie Coffer, Marketing & Events Manager, Mercy Center Auburn

The sacred grounds of the Sisters of Mercy’s Auburn campus welcome all who visit. Located in the beautiful foothills of northern California’s Sierra Nevadas, the 33-acre property includes living quarters and a chapel for the sisters. It is also home to Mercy Center Auburn, a retreat and conference center.

A beautiful grounds in Auburn, California.
These sacred grounds in Auburn, California, are owned by the Sisters of Mercy.

Caring for these grounds are two longtime employees of the Sisters of Mercy, Lindy Virgil, Jr., and Joseph Oliveira, with more than 68 years of combined service. Technically, Lindy brings even more years of experience since, at age 16, he used to drive from the local high school to the convent to work with his grandfather, Joe Costa. Joe’s commitment to the sisters left an indelible mark on these grounds – a legacy that Lindy now helps to preserve and enhance.

Both men’s hard work and talents create a picturesque landscape where we witness each day the miracles of nature. “We’re dedicated to preserving the beauty of these grounds,” Lindy says. “But we also understand the importance of protecting our natural resources that we’ve got to handle with respect.” Joseph agrees, adding, “We all need to take full responsibility for what we use.”

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Guardianes de la Tierra

September 27, 2020



Por Jackie Coffer, Gerente de Mercadeo y Eventos, Centro de la Misericordia Auburn

Los terrenos sagrados del campus de las Hermanas de la Misericordia en Auburn dan la bienvenida a quienes los visitan. Los terrenos están localizados en las hermosas colinas de la Sierra Nevada del norte de California, la propiedad de 33 acres incluye viviendas y una capilla para las hermanas. También alberga el Centro de la Misericordia Auburn, para retiros y conferencias.

Estos terrenos sagrados en Auburn, California, son propiedad de las Hermanas de la Misericordia.

A cargo de estos terrenos están dos empleados de las Hermanas de la Misericordia, Lindy Virgil, Jr. y Joseph Oliveira, con más de 68 años de servicio combinado. Técnicamente, Lindy aporta aún más años de experiencia ya que, a los 16 años, solía conducir desde la escuela secundaria local hasta el convento para trabajar con su abuelo, Joe Costa. El compromiso de Joe con las hermanas dejó una marca indeleble, y es un legado que Lindy ahora ayuda a preservar y mejorar.

El trabajo duro y el talento de ambos crean un paisaje pintoresco donde atestiguamos cada día los milagros de la naturaleza. «Nos dedicamos a preservar la belleza de estos terrenos», dice Lindy. «Pero también entendemos la importancia de proteger nuestros recursos naturales, que hay que manejar con respeto». Joseph está de acuerdo y agrega: «Todos debemos asumir la plena responsabilidad de lo que usamos».

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In Honduras, The Spirituality of Nonviolence

September 25, 2020



By Delcid Matas, Mercy Associate

Sisters of Mercy and Mercy Associates in the Caribbean and Central and South America (CCASA) have been participating in workshops to more deeply embrace a life of nonviolence as part of our response to injustice and violence in our world.

We are aware that our planet and our continent are collapsing because of unbridled greed and corruption that lead to the exponential growth of poverty and the destruction of our common home.

Such institutional violence has become most evident with the COVID-19 pandemic, which has exposed great social inequalities and contributed to the deaths of thousands of people because of our weak health system. It is heart wrenching to see the images of pain and suffering and the powerlessness of healthcare workers who cannot count on the necessary protective equipment and supplies to provide proper care for the sick.

We, as Mercy, are experiencing the impact that corruption and impunity have on our people, whom we accompany. Their pain touches our own flesh. Deep down, we know that the path of violence is a path to the destruction of life and the disappearance of the human race. We feel compelled to change the way we relate to people, living beings and the natural world as a faithful reflection of the divine. We seek to become artisans of nonviolence and nurture our hearts with the spirituality arising from it.

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La espiritualidad de no violencia en Honduras

September 25, 2020



Por Delcid Matas, Asociada de la Misericordia

Hermanas y Asociadas de la Misericordia en el Caribe, Centroamérica y Sudamérica (CCASA) han estado participando en talleres para abrazar de modo más profundo una vida de no violencia como parte de nuestra respuesta a la injusticia y violencia en nuestro mundo. 

Somos conscientes que nuestro planeta y nuestro continente está colapsando por la avaricia desmedida y corrupción que llevan al crecimiento exponencial de la pobreza y a la destrucción de nuestra casa común.

Esta violencia institucionalizada se ha evidenciado con la pandemia del Covid 19 que ha expuesto las grandes desigualdades sociales y ha contribuido a las muertes de miles de personas por los fallidos sistemas de salud. Desgarran el corazón las imágenes de dolor, de impotencia y sufrimiento del personal de salud que no cuenta con el equipo de protección e insumos necesarios para proporcionar una atención digna a los enfermos.

Nosotras, como Misericordia, vivimos el impacto que la corrupción y la impunidad tienen en la vida de nuestros pueblos. El dolor de las personas que acompañamos nos toca en nuestra propia carne y sabemos desde la profundidad de nuestro ser que el camino de la violencia es el camino hacia la destrucción de la vida y a la desaparición de la especie humana. Nos sentimos urgidas a trabajar en hacer cambios en la manera de relacionarnos con las personas, los seres vivos y los bienes naturales como una reflexión de lo divino. Buscamos llegar a ser artesanas de la no violencia y alimentamos nuestro corazón desde su espiritualidad.

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90-Year-old Nun ‘Roars’ for Women and Girls

September 24, 2020



By Sister Mary Reilly, as told to Catherine Walsh, Communications Specialist

Sister Mary with one of the girls from Sophia Academy.
The ease between a student and a sister in this photo makes it one of Sister Mary’s favorites. After attending Sophia Academy, the student won a scholarship to St. Mary Academy – Bay View High School. She is now a college sophomore. (Sophia Academy photo)

I am a 90-year-old nun who has spent my life working to empower women and girls, especially those who are poor. The song for my burial will be “I Am Woman” by Helen Reddy. Its’ opening line—”I am woman, hear me roar!”—inspires me. For as the song also says, “It’s wisdom born of pain.”

Over my 72 years as a Sister of Mercy, I have been transformed into a feminist. I was one of nine children raised by Irish-born parents in South Providence, Rhode Island. We didn’t have much, but nothing prepared me for the poverty I saw in Central America in the 1960s.

Serving as a teacher and principal for six years in Honduras and Belize developed in me a feminist consciousness. I saw women stand up to abusive husbands in a macho culture. I saw Indigenous girls become more confident as they learned about their bodies; they grew in appreciation for themselves right before your eyes.

When I came back to South Providence and began working at St. Michael’s Parish in 1970, I was shocked by the poverty of the teenage mothers who wanted their babies baptized. I visited them in their homes. Some of these young moms couldn’t read past grade 2. I was angry that a country as rich as ours had created an underclass of people whom no one cared about.

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Monja de 90 años «ruge» en favor de las mujeres y niñas

September 24, 2020



Por la Hermana Mary Reilly, como se lo contó a Catherine Walsh, especialista en comunicaciones

La natural camaradería entre una estudiante y la Hermana Mary hacen de esta fotografía una de las preferidas de Saint Mary. Luego de asistir a Sophia Academy, esta estudiante logró una beca para Saint Mary Academy – Bay View High School. En la actualidad cursa el segundo año de universidad. (Foto de Sophia Academy)

Soy una monja de noventa años que he dedicado mi vida trabajando para empoderar mujeres y niñas, especialmente aquellas que viven en la pobreza. La canción que quiero para mi funeral es «I Am a Woman» (Soy una mujer) de Helen Reddy. Me inspira su primera línea, «I am a woman, hear me roar!» (Soy una mujer, ¡escuchen mi rugido!). La canción dice también «It’s wisdom born of pain», (es la sabiduría nacida del dolor).

Durante mis 72 años como Hermana de la Misericordia me he transformado en feminista. Formé parte de una familia de nueve hijos criada por una pareja de padres irlandeses en South Providence, Rhode Island. No tuvimos mucho, pero nada de eso me preparó para la pobreza que vi en Centroamérica en los años sesenta.

Seis años de servicio como profesora y directora de escuela en Honduras y Belice desarrollaron en mí la conciencia feminista. Vi mujeres enfrentarse a sus abusivos maridos en medio de una cultura machista. Vi niñas indígenas adquirir confianza a medida que aprendían sobre sus propios cuerpos. Se reconocían cada vez más a sí mismas justo al frente de tus ojos.

Cuando regresé a South Providence en 1970 y empecé a trabajar en la Parroquia de St. Michael, me impresionó mucho la pobreza de las madres adolescentes que buscaban bautizar a sus hijos. Las visitaba en sus hogares. Muchas de estas jóvenes madres no llegaban al segundo grado de lectura. Me enfurecía que un país tan opulento como el nuestro hubiera creado una clase baja con personas a las que nadie les prestaba atención.

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A Poem for Mercy Day 2020

September 23, 2020

By Kathy Schongar, Mercy Associate


Mercy Day will come this year with a global pandemic twist:
without festive Community dinners; without joyful reunions
and jubilant celebrations to mark milestones in Mercy…

Mercy Day will come this year
without chapels and church pews filled to capacity,
alive with shared songs of joyful praise and prayerful gratitude,
with deep humility and grace.

Mercy Day will come this year with face masks, social distancing
and an abundance of caution that will challenge us
to think beyond the boundaries we once knew.
Trusting in Providence to guide us in adapting to a new world view,
Mercy moves boldly into the vast unknown…

Mercy Day will come this year because our world is groaning
with fear, poverty, racism and social upheaval.
Amid the scourge of COVID-19 and political posturing and divisive discord
the need for Mercy in our time is great.

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Un poema para el Día de la Misericordia, 2020

September 23, 2020

Por Kathy Schongar, Asociada de la Misericordia


El Día de la Misericordia llegará este año con una particularidad pandémica global:
sin cenas de Comunidad festivas; sin reuniones alegres
y celebraciones jubilosas para marcar hitos en la Misericordia…

El Día de la Misericordia llegará este año
sin capillas y bancas de la iglesia completamente llenas,
vivas con cánticos compartidos de alabanza gozosa y orada gratitud,
con profunda humildad y gracia.

El Día de la Misericordia llegará este año con mascarillas, distanciamiento social
y extrema precaución que nos retará
a pensar más allá de los límites que una vez conocimos. Confiando que la Providencia nos guíe a adaptarnos a un nuevo enfoque del mundo,
La Misericordia avanza con audacia hacia el vasto terreno desconocido…

El Día de la Misericordia llegará este año porque nuestro mundo está gimiendo
con miedo, pobreza, racismo y agitación social.
En medio del flagelo de COVID-19, posturas políticas y discordia divisoria
la necesidad de Misericordia en nuestro tiempo es enorme.

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A Ministry of Service to Immigrants

September 22, 2020



By Sister Pat Lamb

Ministering to our immigrant sisters and brothers at the U.S.–Mexico border never called to me. Instead, my experience in this ministry began more than 30 years ago in Grand Rapids, Michigan. It was during the 1986 time of amnesty, and we set up a site at our church, with an attorney, to assist those seeking citizenship. Those eight years in Grand Rapids kept me in touch with many of the issues the migrant workers we served during the summer season were facing. Mass at our church was in Spanish, as were the summer liturgies with the migrants near their camps. We helped the workers settle for the short while they were there, and over the years it became like welcoming old friends or family back when they returned each summer.

A picture of Sister Pat lamb with donated shoes and supplies for immigrants who are students at local schools.
Sister Pat Lamb shows off a car full of shoes, ready for transport to the school where children got to pick the pair they liked the best.

It was not until my years in Holland, Michigan, that I began to meet undocumented immigrants from Mexico and Central America. I soon learned that they had incredible stories of troubled, often violent situations in their beloved home countries that left them with no other option but to pack up their families and depart on foot, usually in the night. So much of their journeys were through unwelcoming situations, with little food or water and no safe place to rest. Eventually, they would arrive at the U.S. border, at what they thought would be a place of hope and a promise of welcome.

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Un ministerio de servicio a inmigrantes

September 22, 2020



Por la Hermana Pat Lamb

Nunca me sentí llamada a servir a nuestras hermanas y hermanos inmigrantes en la frontera con México. En cambio, mi experiencia en este servicio dio inicio hace más de 30 años en Grand Rapids, Michigan. Durante el tiempo de amnistía de 1986, establecimos un lugar en nuestra iglesia con un abogado para ayudar a quienes buscaban la ciudadanía. En esos ocho años en Grand Rapids pude ver muchos de los problemas que enfrentan los trabajadores inmigrantes que ayudamos ese verano. La misa en nuestra iglesia era en español, como las liturgias de verano con los inmigrantes cerca de sus campamentos. Ayudamos a trabajadores a establecerse para el corto tiempo que permanecerían allí, y con el paso de los años cada verano era como dar la bienvenida a los viejos amigos o familiares que regresaban.

Hermana Pat Lamb muestra un automóvil lleno de zapatos, lista para llevarlos a la escuela donde los niños podrán elegir el par que más les guste.

No fue hasta mis años en Holland, Michigan que comencé a encontrarme con inmigrantes indocumentados de México y Centroamérica. Supe de inmediato que tenían historias increíbles de situaciones problemáticas, a menudo violentas, en sus queridos países de origen y que no les dejaba otra opción que empacar con sus familias y partir a pie, generalmente por la noche. Gran parte de sus viajes se desarrollaban a través de situaciones desagradables, con poca comida o agua y sin un lugar seguro para descansar. Eventualmente, llegarían a la frontera de los Estados Unidos, a lo que pensaban iba a ser un lugar de esperanza y una promesa de bienvenida.

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